MEDITACIÓN PARA LA VIDA

MINDFULNESS - COMPASIÓN - COMUNICACIÓN NO VIOLENTA

AIXCHEL SÁNCHEZ

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Aixchel Sánchez



Me interesa que los participantes en los talleres que imparto, encuentren en la meditación una forma pacífica de relacionarse con el sufrimiento, para entonces descubrir autonomía, autenticidad y bondad latente en su existencia. Considero que cada persona tiene la capacidad de contactar con “su guía interna” a su propio ritmo y tiempo, lo cual me gusta incentivar, respetar y honrar.

Mi trayectoria en la meditación:

2015-actualidad
Imparto talleres del programa de Meditación para la vida en Yoga Espacio sede Coyoacán, co-dirijo taller de conciencia plena con el Dr. Humberto Brocca, clases particulares.

2016
Participé en el curso Budismo para la vida como alumna y asistente de Kavindu

2013-2015
Formación de maestros de meditación impartido por Kavindu (Alejandro Velasco) director del programa de meditación de Yoga Espacio.

2014-2009
Cursé los talleres básicos y especiales de meditación para la vida dirigidos por Kavindu: Calma, claridad y apertura. Conciencia plena del cuerpo. Conciencia plena de las emociones. Conciencia del ahora. Amor incondicional. Alimentando tus demonios. El gozo de la meditación incisiva Dzogchen. Grupos de estudio, retiros grupales y solitarios.
Con Akasavajri (miembro de la Orden budista Triratna) cursé los talleres de conciencia plena de las emociones y prevención de episodios depresivos llevados a cabo en el colectivo Buda Mándala.
Cursé taller de conciencia plena con Vimuktin (miembro de la Orden budista Triratna)

Meditadora por necesidad, gusto y naturaleza (sostengo práctica formal desde 2008), bióloga de profesión (Fac. Ciencias, UNAM), amante del rock progresivo y ser humano comprometido con el bienestar propio y de todos los seres vivos.
A propósito de la meditación
Por Aixchel Sánchez

De lo conocido o lo habitual
Es lunes por la mañana y ya estamos rumbo al trabajo y/o escuela, recorremos la misma ruta que hemos recorrido cada lunes, con la mente llena de pensamientos sobre lo que nos gustaría poseer, hacer o alcanzar, cosas o situaciones que no conseguimos resolver el día anterior y pendientes por hacer al día siguiente. Durante el camino nuestro monólogo sobre algún tema va a la velocidad casi de los automóviles, incluso hasta más rápido, las frases más comunes que se repiten aunque el tema no sea el mismo, son: “esto me gusta” “esto lo quiero en mi vida” “esto debería desecharlo” “sería más feliz si tuviera” o “no sería tan infeliz si se acabara” “no soporto esta situación, qua acabé” “yo soy así y por eso no lo permitiré”. Paso a paso recorremos “el camino conocido” que nos lleva hasta la puerta de nuestro destino.

La pregunta obligada y pertinente que nos tendríamos que hacer es ¿sí realmente el camino es conocido? Tal vez la respuesta inmediata es que sí lo conocemos, pues logramos llegar al trabajo o a la escuela sin dificultad alguna, sin embargo, este hecho de llegar se lo debemos a una de tantas funciones de nuestro cerebro, la memoria, la cual nos permite recordar lo conocido. En sentido estricto, lo que hacemos cada lunes por la mañana es recordar y reconocer el camino de manera casi automática, mientras nuestro cuerpo se desplaza, nuestra mente se encarga de presentarnos la vida a través de pensamientos que implican apego o rechazo, desconectándonos de nuestras sensaciones corporales y de los estímulos externos.
Entonces el camino “conocido” o más bien recordado, termina siendo desconocido, pues al no estar presentes a nuestra experiencia momento a momento dejamos de notar los detalles sutiles del recorrido, como el color del cielo, las tonalidades de las hojas de los árboles, los silbidos de los pájaros que aún habitan las grandes y ruidosas ciudades, la sensación de nuestra respiración en el pecho, la textura del suelo que percibimos a través de los zapatos, incluso objetos o lugares que siempre han estado en la trayectoria tienden a desaparecer ante nuestra acostumbrada mirada hacia el camino.
De tal forma que lo único conocido, resultan ser nuestros hábitos mentales y sus respectivas consecuencias en el cuerpo y las emociones: estrés, tensión muscular, dolor crónico, rigidez, enojo, tristeza, ira, ansiedad, entre muchos otros estados aflictivos que nos llevan a la puerta de nuestro destino limitado y con pocas posibilidades.

La meditación: puente hacia la espaciosidad y lucidez de la conciencia
Bajo este esquema de funcionamiento habitual de nuestra mente y lo que implica a nivel físico y emocional, muchas personas nos acercamos a la práctica de la meditación con la finalidad de encontrar algo que elimine el sufrimiento que tales hábitos provocan, algo que relaje nuestro cuerpo o simplemente algo que nos ayude a relacionarnos de manera más amable con el mundo. Llegamos a la meditación quizá con la expectativa de que nos quite lo que nos hace sufrir y proporcione lo necesario para ser felices.

Sin embargo, la meditación no se trata de “quitar o poner”, la meditación es el puente que nos lleva hacia la lucidez y espaciosidad de la conciencia donde podemos explorar la posibilidad de relacionamos de manera creativa con los hábitos mentales, las tensiones físicas y emocionales. Es un proceso que nos permite reconocer el estado natural lúcido y espacioso de la conciencia, en donde somos receptivos a la experiencia tal como es, sin agarrarla, sin rechazarla y sin juzgarla momento a momento. Como principiantes, este puente nos ayuda a desarrollar la capacidad de tomar los estímulos externos como puertas de entrada a la exploración de nuestra experiencia en sus distintos niveles: mental, emocional o corporal. Como practicantes experimentados, el puente se convierte en un estado natural en el que podemos morar.

Utilizar el puente: meditar

La única manera de vivir el proceso de la meditación es sentarnos a meditar, es decir, utilizar el puente una y otra vez de manera que podamos descansar en la calma, claridad, espaciosidad y silencio de la conciencia, así estaremos conscientes y presentes al surgir y cesar de los pensamientos, sensaciones corporales y emociones. Meditar o utilizar el puente, es estar presentes a nuestra experiencia con la intención de investigar y descubrir su fluir natural dentro de la conciencia, por lo que se convierte en un acto de comprobación, descubrimiento y transformación.

Del beneficio de utilizar el puente: integración
Cualquiera que sean nuestras expectativas con respecto a la meditación, la práctica meditativa terminará por hacernos notar que al utilizar el puente y permanecer conscientes a nuestra experiencia sin tratar de modificarla, los patrones mentales, emocionales y tensiones físicas comenzarán a disolverse o desactivarse, de tal forma que surgirá la integración de la mente: conjunción armónica de nuestra experiencia libre de juicio y sustentada en la espaciosidad y lucidez de la conciencia.

Cuando se lleva a cabo dicho proceso, desarrollamos una mayor capacidad de percepción y por lo tanto de respuesta creativa. A su vez y con una práctica constante, meditar comienza a surgir de manera natural y también a integrarse a nuestra experiencia como una forma de estar presentes ante las múltiples situaciones de la vida, lo que se refleja en la transformación de nuestra relación con los pensamientos, emociones y cuerpo, soltamos el hábito de agarrarlos o rechazarlos y nos relacionamos de manera más amable y creativa con ellos.
En el plano personal, puedo decir que el beneficio más notorio en mi vida, ha sido la disminución de la reactividad mental, emocional y en un bienestar corporal. Se me facilita notar y permanecer en las pausas que surgen entre pensamiento y pensamiento, o sentir de manera exploratoria la gama de emociones o sensaciones corporales que me producen ciertos estímulos antes de relacionarme con ellos a través de ideas. Lo que se expresa en una relación más amigable conmigo misma y las personas que me rodean.